Benefactora: María Luisa Zubiría de Reyes Avilés

Nació en Durango, Dgo., el 06-24-1902

Solamente estudió hasta 4° de primaria porque la persecución religiosa cerró los colegios católicos. Por eso tuvo que dejar los estudios oficiales. En cambio, fue una gran pintora, óleo, y concertista pianista.

De adolescente llevaba a la cárcel desayunos a los sacerdotes presos por la persecución religiosa, indicándoles: “Padre, le traje del azúcar que le gusta”: en la azucarera estaba, entre el azúcar, la Hostia consagrada para que el sacerdote pudiera comulgar.

Se casó con el Dr. Rafael Reyes Avilés, médico joven quien, junto con los Doctores Isauro Venzor y Carlos León de la Peña, descubrieron el suero antialacránico en Durango. Su esposo, lleno del entusiasmo propio del médico joven, no puedo aceptar que lo que llamaban Hospital fuera un cuarto en donde, en el suelo, estuvieran muriendo los enfermos. Entonces él empezo a torear. Con la ganancia de las corridas de toros se construyó el primer Hospital Civil de Durango; en especial, su zona de Distinción, y, sobre todo, el Departamento de Pediatría, ya que él fue el pionero de la pediatría en Durango.

María Luisa lo acompañó en todo: fue la primera administradora del Hospital. Llevó a las Religiosas Mínimas de María Inmaculada, cuyo carisma es la enfermería, a que atendieran a los enfermos del Hospital Civil, cosa que no logró el entonces Arzobispo de Durango. Logró que, a beneficio del Hospital, el Palacio de Gobierno fuera también, pro primera vez, en algunas noches, el lugar de cena y baile de kermesses a favor del Hospital Civil.

El periódico el Universal cumplió sus bodas de plata. Y las festejaron buscando, en la República, a mexicanos que merecieran un honor especial. En el teatro de Bellas Artes de la Ciudad de México, entregaron Medalla de Oro a Miguel Bernal por su obra musical; de Plata a un ferrocarrilero de Aguascalientes. De Bronce a María Luisa Zubiría de Reyes Avilés por su obra en el Hospital Civil. Durante años estos nombres aparecieron diaramente en la primera página del periódico.

Cuando su hijo, Luis Alfonso, tuvo edad para comenzar su educación primaria, dado que no había Colegios Religiosos para hombres en Durango, logró traer a Hermanos Lasallistas quienes fundaron el “Instituto Durango”. Así aseguraba la formación religiosa y moral de su hijo. Un año después se dio cuenta que los profesores no eran Religiosos, sino ex lasallistas; como no le gustó el engaño, logró que Padres Franciscanos se encargaran del colegio. Logro que no consiguió el entonces Arzobispo, Don José María González y Valencia.

Llegaron a Durango los Misiones del Espíritu Santo, a quienes el Arzobispo les encargó el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón. Un joven sacerdote, Victoriano Uribe, le encargó que recogiera pedazos de oro y piedras preciosas para hacer con ellos la custodia del templo expiatorio. María Luisa se dedicó a pedir, puerta por puerta, a las familias durangueñas, no pedazos de oro, sino que propuso que se desprendieran de joyas que tuvieran valor afectivo. En la custodia hay arras matrimoniales, anillos, medallas, por ejemplo, de Don Alberto Alvarado…decía que veía “cómo lloran las personas al entregarme sus oros y pertenencias. Pero al Santisímo no hay que darle “sobras”, sino valores de verdad”.

Fue la primera en dar clases de catecismo y organizar campeonatos de Basket-ball en la Penintenciaría de Durango. Se encargó de la construcción de un convento para las Madres Capuchinas, de la clausura, y de un Asilo para ancianos atendido por una comunidad de madres españolas.

Fue la organista oficial de varios templos en Misas y Rosarios. Benefactora de la comunidad de Religiosas que atendían la Cruz Roja de Durango. Catequista de rancherías y de barrios pobres. Durante años fue la encargada de arreglar el Monumento de Catedral para los jueves Santos. Cada semana iba a rancherías a catequizar y llevar alimentos y ropa a los niños y papás de esos ranchos: mientras su salud se lo permitió.

Desde la muerte de su esposo, en 1960, vivió en su cada de Durango. Murió en México, en el Hospital Militar, el 5 de diciembre de 1975. Sus cenizas están en la Parroquia de la Santa Cruz, Jardines del Pedregal, México, D.F.