Obispo: José Antonio Laureano Zubiría Escalante

Obispo: José Antonio Laureano Zubiría Escalante

Nace en Arizpe, Sonora el 4 de Julio de 1791, siendo sus padres don Martín Zubiría y doña Gerónima Escalante. Nos dice su sobrino don Santiago Zubiría y Manzanera que apenas nacido, después de bañarlo y purificarlo, al estar sus padres y personas amigas contemplándolo, abrió los ojos, los fijó en el grupo, levantó su mano y la movió en forma de bendición, por lo que todos se admiraron exclamaron: “será Obispo, un Obispo santo”. El suceso se divulgó por el pueblo de Arizpe y desde entonces se le llamo “el Obispo”.

En el año de 1806, a los 14 años se va a estudiar a la ciudad de México, al colegio de San Ildefonso, logrando unos estudios llenos de éxitos, pues tenía una gran voluntad para el estudio, unida a su claro talento y una memoria privilegiada.

En el mes de junio de 1814, a los 23 años, Antonio recibió órdenes de su señor padre para que regresara a Arizpe, con tristeza por cortar sus estudios se regresa y es recibido con cariño y alegría.

Pasa un año y el señor Castañiza, que había sido su rector en el colegio, y más tarde el Obispo de Durango, lo invita para que imparta un curso de Artes y hacerse cargo de esa cátedra en Durango. Antonio no titubeó en aceptar la propuesta, pues así terminaría sus estudios y se podría ordenar sacerdote. Antonio convence a la familia para que lo sigan, así que la familia liquida sus negocios y cambian su residencia a Durango.

Con mucho gusto empieza su labor en el Seminario Conciliar de Durango, donde el Obispo Castañiza, recién electo procuraba reformar el nivel educativo, así que lo primero que hizo fue nombrar un cuerpo docente verdaderamente notable, a los que se agregaba el joven José Antonio Zubiría y Escalante.

El Obispo Castañiza le dijo “aquí tienes a tu rector, hoy es tu Obispo, antes bajo mi tutela recibiste la instrucción, ahora yo seré el que te confiera las ordenes hasta el presbiteriado.” Al año siguiente, 1817, celebro su primera misa en forma solemnísima en el templo de Santa Ana.

En el año de 1819, el Obispo Castañiza determinó dedicar exclusivamente al servicio del Sagrado Ministerio al Padre Zubiría nombrándolo cura de la Parroquia de Cinco Señores (hoy Nasas).

Eventos importantes en su vida

Fecha Edad Evento
4 jul 1791   - Nació en Arispe, Sonora, México
28 feb 1831 39 Fue nombrado Obispo
28 ago 1831 40 Ordenación
2 oct 1831 40 Toma posesión
27 nov 1863 72 Fallecimiento

Más información: www.catholic-hierarchy.org/bishop/bzube.htm

En aquel tiempo era Nasas, después de la Ciudad de Durango, la población más importante en lo económico y en lo social, era muy común ver en aquel pueblo al potentado mezclado con el indígena, sin que existieran entre ellos diferencias sociales. El Cura Zubiría se dedico de lleno a la atención espiritual de la parroquia logrando muchos frutos en lo moral y en la conversión de sus feligreses. En el año de 1822 la población del Nasas fue víctima de una peste que causó muchas víctimas y trabajó incansablemente para darles a todos el consuelo de la religión.

En 1823 fue cambiado a la parroquia del Sagrario de Durango, los feligreses al enterarse sitian su casa para no dejarlo ir, él por obediencia lo tiene que hacer y se va con mucha tristeza. En los últimos días de diciembre de ese año toma posesión de la parroquia y está ahí hasta el año 1830 donde fue nombrado párroco de Sombrerete, donde permaneció por siete meses pues recibió las bulas de su preconización para Obispo de Durango.

El Papa Gregorio XVI lo nombra y fue consagrado por el Sr. Obispo Pablo Vázquez, en la Iglesia de la Profesa de México el 28 de Agosto de 1831.
Una ves estando en la ciudad de Durango el nuevo Obispo se dedicó a cumplir de lleno su labor de pastor. Entonces el Obispado de Durango era sumamente extenso: comprendía los hoy Estados de Durango, Sonora, Chihuahua y Nuevo México, también poseía parte de Zacatecas. Cuando la guerra con Estados Unidos su diócesis es dividida. México perdió entre otros territorios el de Nuevo México. Así que esa provincia dejó de ser nuestra y de pertenecer eclesiásticamente a Durango.

Con motivo de las leyes dadas por el Congreso General en el año 1833 sobre la reforma religiosa, ya sabemos que los obispos de México protestaron y que fueron castigados con el destierro.

Obispo: José Antonio Laureano Zubiría Escalante

El gobernador del Estado de Durango, don Basilio Mendarózqueta, le dice que deje su actitud de opositor pues si insiste se tendrá que acatar a la autoridad suprema. pero el Obispo Zubiría le contesta que no puede cambiar sus principios y que el seguirá en su lucha. Así que por no querer obedecer las leyes no le queda más remedio que invitarlo a salir de la ciudad de Durango.

Salió de su casa y se va en coche pasando por el Chorro a la hacienda de santa Catalina y continuar a Nieves. Ahí estuvo hasta que la persecución vino a menos. Entonces regresó a la ciudad de Durango y reanudó su actividad pastoral sin saber que le quedaba la mayor parte de su vía dolorosa de más de 30 años de episcopado, le faltaba que, a semejanza de Jesucristo, divino modelo de los justos, coronase su peregrinación con un penoso calvario.

Al llegar a su término la guerra de Tres Años, se decretó la expulsión de la República de algunos señores obispos, entre ellos el señor Zubiría, pero éste al saber lo que le pasaría al final de la contienda decidió irse a esconder a la hacienda de Cacaria, propiedad de un amigo suyo, don Tomás Chávez. Había un sótano, al que se bajaba por una escalera de madera, era pequeño, mal ventilado y se disimulaba con una cubierta del mismo color del piso. Este sótano era ocupado por el señor Obispo Zubiría cuando sabía que corría riesgo. Cuando la persecución arreciaba, se iba a una gruta que se encuentra en lo más abrupto de la sierra, donde permanecía en compañía de su mozo Gil Hernández todo el tiempo que era necesario.

Durante tres años cuarenta días estuvo en su destierro en Cacaria. A mediados de noviembre se sintió enfermo y mando llamar al doctor y le diagnosticó que tenía solo catarro y una ligera indisposición. Sin embargo el mal seguía adelante. A la mañana siguiente las personas que lo asistían se dieron cuenta de que se debilitaba y que se le iba la vida. Cuando menos lo pensaron había dejado de existir. Le llegó la muerte el 27 de noviembre de 1863, tenía 72 años y en el XXXIII año de su pontificado.

Recibió humilde sepultura en la capilla de la hacienda, pero en el primer aniversario de su muerte fue exhumado su cuerpo incorrupto, para ser llevado a la ciudad de Durango, rindiéndole los honores que merecía. Terminadas las ceremonias fúnebres, su cuerpo fue llevado a una de las gavetas que se encuentran atrás del altar mayor de la Catedral, donde aún permanece.

Condensado del libro El Obispo Santo de José Ignacio Gallegos C.